“¡Qué peso nos hemos quitado de encima!”. Si tuviésemos que resumir los resultados de esta expedición con una frase, sin duda sería ésta. ¿Por qué? Lo veremos un poco más adelante...
Antes de entrar en materia, no está de más comentar los antecedentes –inéditos, por otra parte- de esta expedición, la tercera del CAVEX Team a esta emblemática cavidad del sur peninsular. La relación de nuestro equipo con la sima G.E.S.M. (Sierra de las Nieves – Ronda – Málaga), escenario de algunas de las páginas más gloriosas de la espeleología española
[1], no es nueva. La historia arranca en Kiev en diciembre de 1995, durante el transcurso del IV Congreso de la Ukr.S.A. (Asociación Espeleológica Ucraniana), pocos años después de la desmembración de la Unión Soviética, cuando un variopinto grupo de amigos de Rusia, Ucrania y España se planteaba la creación de un equipo para abordar la exploración de grandes cavidades verticales. Durante la era soviética, las zonas de trabajo espeleológico más prometedoras se situaban en el Cáucaso, especialmente en la República de Abjasia, sumida en aquella época en plena guerra civil con la vecina Georgia, de la que pretendía independizarse. Estaba claro que había que fijarse objetivos en alguna zona del Globo menos conflictiva. Fue entonces cuando el naciente equipo decidió tomar contacto con una cavidad situada a varios miles de kilómetros de distancia, Sima G.E.S.M., donde se encontraba un conocido sifón que había sido superado en 1990
[2], tras el que la cavidad continuaba con buenas perspectivas.
Dicho y hecho. En abril 1996, con el patrocinio de la Federación Andaluza de Espeleología
[3] y el apoyo del G.E.S. de la S.E.M., la S.E. Mainake y la S.E. Marbellí
[4], se organizó la
I Expedición Hispano-Rusa a sima G.E.S.M., concebida como una primera toma de contacto con la cavidad, con el fin de abordar al año siguiente el buceo del sifón. Fue una expedición dura, con una meteorología muy adversa que propició constantes crecidas bajo tierra, pero que a la vez nos estimuló para afrontar el reto de tomar el relevo de las exploraciones en el majestuoso Lago E.R.E. (-1.074 m), en cuyas profundidades se abre el sifón tras el que continúa la cavidad.
Aquella sería la expedición fundacional del equipo que después adoptaría el nombre de CAVEX Team. A los que tomamos parte en ella[5] poco después se sumarían nuevos fichajes, y ese mismo año comenzaríamos a trabajar juntos en otros macizos kársticos europeos y asiáticos. Aunque en los años que siguieron se abrieron ante nosotros nuevas zonas de exploración, muy prometedoras, en otros lugares del Mundo, no olvidamos el compromiso que habíamos adquirido con aquella conocida sima del sur de España. Vinculado a CAVEX, se formó entonces un grupo de trabajo andaluz, el Interclub Sima G.E.S.M., con el que en sendas campañas de trabajo desarrolladas durante los años 1998-1999, patrocinadas por la Federación Española de Espeleología, se reinstaló completamente la cavidad hasta el sifón, para facilitar la futura expedición de buceo[6].
En 1999 comenzó a mejorar la situación en Abjasia, de manera que los años 2000 y 2001 los consagraríamos principalmente a explorar en el Cáucaso, junto a nuestro ya tradicional destino, Eslovenia, de forma que se retrasó un poco más nuestro regreso a tierras andaluzas.
Por fin, en 2002 encontramos el hueco, y para los meses de abril y mayo programamos una expedición de gran envergadura a Sima G.E.S.M. La organización de la exploración no estaría exenta de dificultades. La principal de ellas era el transporte del material de buceo desde Rusia, lo que se solucionó trasladándolo en coche desde Arkhangelsk, vía Moscú y Brest, hasta la Sierra de las Nieves. Dicho de otra manera, hubo que atravesar en coche toda Europa, de cabo a rabo, 6366 km de ida, y otros tantos de vuelta. La segunda dificultad era la falta de tiempo, ya que tan solo disponíamos de doce días para instalar, meter el material, bucear, sacar el material y desinstalar. A todas estas adversidades había que añadir un tiempo de perros y la sima en crecida permanente. Gracias a la participación en la expedición de un grupo fuerte de espeleólogos españoles y franceses[7], conseguimos en tan pocos días hacer todo este trabajo, bajando al sifón 26 sacas –de un total de 53-, que incluían vivac, comida y material personal para los buceadores, así como 13 botellas.
En lo que serefiere al objetivo de la expedición, la exploración del sifón, pudimos reservar tres días para realizar cuatro inmersiones. Se encargaron de la exploración del sifón los buceadores rusos Andrey Shumeyko y Mikhail Nekrasov, pertrechados con cuatribotellas. Desde el principio quedó claro que la época del año en la que habíamos abordado la expedición no era la más adecuada; el estar la sima en crecida suponía automáticamente que la visibilidad en el sifón era inferior al metro, por lo que se decidió acometer los trabajos individualmente, dándose relevos los buceadores, para optimizar al máximo los recursos de los que disponíamos.
Una vez dentro del sifón, lo primero que llamaría la atención de los exploradores sería que una antigua cuerda-guía, probablemente la de 1990, se perdía en un lateral de la galería inundada, colmatado por una gran acumulación de arena. Por ello, siguieron explorando por la vía principal, en la que en la cuarta y última inmersión llegaron a adentrarse en el sifón hasta una distancia de 310 m, sin que apareciera por ninguna parte la galería seca descubierta por Mayorga-Lapido en 1990. La galería sumergida continuaba con generosas dimensiones[8], manteniéndose a una cota constante.
El final de la expedición fue verdaderamente de infarto. Faltaban 40 horas para el despegue del avión de vuelta a Rusia de parte del equipo, y todavía teníamos la sima instalada hasta el fondo, con el vivac de los buceadores montado y parte de su material a pie de sifón. Hacía falta un milagro, que de nuevo se materializó gracias a una jornada de trabajo interminable. Al final, incluso sobró tiempo para la tradicional fiesta de celebración de fin de expedición.
Pasada la tensión de los momentos finales de la expedición, fuimos rápidamente conscientes de la polémica que, involuntariamente, habíamos propiciado. La exploración del sifón se había realizado con toda la atención y el cuidado posibles, realizando una minuciosa topografía. Pero no aparecía por ninguna parte la galería seca de 1990, bautizada entonces como “galería Gaia”, a la que nosotros comenzamos a llamar Zemlyá Sánnikova [Земля Санникова], “la Tierra de Sánnikov”, nombre de una elusiva isla fantasma situada en el Ártico. El paralelismo no podía ser más apropiado. A principios del siglo XIX, el explorador polar ruso Yakov Sánnikov reportó la existencia de esta isla, que sería avistada por otro explorador 75 años después. A partir de entonces, todos los intentos de localizarla fueron infructuosos, por lo que se decidió que, oficialmente, no existía. Sin embargo, dado el gran prestigio del explorador que la describió por primera vez, algunos geógrafos piensan que la isla de hecho existió, pero que en algún momento fue engullida por el océano. ¿Acaso la galería seca había sido tragada por las arenas en el transcurso de alguna crecida? La polémica estaba servida, así que decidimos no publicar nada al respecto de nuestras exploraciones en Sima G.E.S.M. hasta poder regresar a proseguir la exploración del sifón.
Un año después, las perspectivas cambiarían radicalmente. En verano de 2003 nos encontrábamos explorando en el Cáucaso, en Krúbera-Voronya, cuando recibimos una magnífica noticia desde España. Compañeros andaluces, que habían formado un nuevo interclub, el Sierra de las Nieves, habían retomado la exploración de una incógnita que se comenzó a revisar en la campaña del Interclub Sima G.E.S.M. de 1999[9], descubriendo que la cavidad tenía continuación abierta y explorando hasta la cota -639 m[10]. Estaba claro que no tenía sentido regresar al sifón hasta que no se agotaran las posibilidades de esta vía lateral, que ofrecía la esperanza de ganar profundidad sin tener que bucear. Los años que siguieron confirmaron estas expectativas[11], a la par que los trabajos en el Cáucaso nos iban absorbiendo cada vez más, a medida que Krúbera iba ganando profundidad.
Llegamos así al año 2007. El año anterior, la exploración en la vía lateral de Sima G.E.S.M. se había detenido a -930 m[12], ante un meandro colmatado por espeleotemas, por lo que volvía a cobrar sentido regresar al Lago E.R.E. Sucesivas campañas de buceo en Krúbera nos habían permitido llegar en enero de ese año a los -2170 m, tras un complicado buceo en el 5º sifón de la cavidad, de manera que, como equipo, sentíamos que ya estábamos preparados para retornar a Sima G.E.S.M., para desentrañar de una vez por todas los secretos de su sifón.
La filosofía de la expedición de 2007 sería diferente a las anteriores. En primer lugar, se trataría de una expedición organizada conjuntamente con el Interclub Sierra de las Nieves, de manera que contaríamos con la sólida infraestructura y el trabajo previo proporcionados por ellos[13], que garantizaba un aprovechamiento máximo del tiempo, ya que la sima se instalaría en fugaces incursiones de fin de semana entre los meses de mayo y junio, dejándose ya preparado el vivac de -1050 m para la operación de buceo. En segundo lugar, contaríamos con la friolera de 25 botellas cargadas con aire y Nitrox 40, de 6 y 7 l, para la exploración del sifón, sin tenerlas que transportar desde Rusia[14].
Comenzaba el verano de 2007. Gracias al esfuerzo titánico de los integrantes del Interclub, la sima se encontraba completamente instalada, con sendos vivacs a -424 m –en la Vía Lateral- y -1050 m –un pozo por encima del sifón-, provistos de todo lo necesario para trabajar, y algunas botellas ya habían sido descendidas a distintos puntos de la cavidad. Entre el 28 de junio y el 1 de julio fuimos llegando desde Rusia y Ucrania en avión y en coche, con Sergio esperándonos a pie de sima como coordinador general, provistos de un completo surtido de material de buceo, que incluía un equipo de circulación cerrada (rebreather), por si el sifón se tornaba interminable. La primera sorpresa no se haría esperar. Encabezados por M. Guerrero y J. L. Badillo, había llegado a la Sierra de las Nieves nada menos que la 2ª Compañía del 4º Tercio “Alejandro Farnesio” de la Legión, desde Ronda, para montar nuestro campamento-base. El despliegue de medios era impresionante...
Tras un par de días de preparación del material, el 3 de julio entrábamos el primer equipo de punta, de los que permaneceríamos bajo tierra hasta el final de la expedición Oleg Klimchuk, Yuriy Bazilevskiy “BZ” y Sergio García-Dils. Ese mismo día llegábamos hasta el sifón, acompañados entre otros por A. J. Moreno y Dmitriy Sklyarenko, y comenzábamos los preparativos.
El 4 de julio daba comienzo el trabajo tan largamente esperado. En esta ocasión, los buceadores serían Oleg y BZ, quedando de reserva Andrey Shumeyko y Denís Provalov. A diferencia de nuestras expediciones anteriores, la sima se encontraba en calma, por lo que las condiciones de trabajo eran óptimas. Tras los preparativos de rigor, inicia la primera inmersión Oleg, que se adentra en el sifón instalando 70 m de hilo guía y descendiendo hasta 20 m de profundidad, fraccionando cuidadosamente en la pared. Comenzaba una labor verdaderamente detectivesca, consistente en desentrañar los misterios de los distintos hilos-guía que, enredados unos con otros por efecto de sucesivas crecidas, formaban una verdadera maraña[15]. A continuación bucearía BZ, instalando 60 m más de hilo de Ariadna. La galería iba ganando profundidad en la misma medida que iba empeorando la visibilidad, por lo que quedaba claro que era prioritario hacer una buena instalación de guía. BZ se había detenido en el punto más bajo del sifón, cortando y recogiendo la red de cuerdas-guía en el camino de vuelta.
Al día siguiente, 5 de julio, entraba en primer lugar BZ en el sifón, continuando la instalación hasta que se le terminó el carrete de hilo-guía. Tras esta tercera entrada en el sifón, se habían instalado ya 170 m. Realizaría la cuarta inmersión Oleg, con 3 botellas de 7 litros y un nuevo carrete. Escarbando con determinación en el lateral de la galería colmatada de arena donde se perdía el antiguo hilo-guía de Mayorga-Lapido, conseguía seguir sus pasos hasta la sala donde ellos emergieran 17 años antes. ¡Habíamos llegado a la “Tierra de Sánnikov”! Oleg salió del agua, se quitó gafas y aletas, y anudó el final del hilo guía en el mismo punto donde lo habían hecho los heroicos buceadores que nos habían precedido. Como una señal largamente esperada, allí le aguardaban, entre las piedras, las ya legendarias aletas de Mayorga, arrojadas allí por alguna antigua crecida[16]. La noticia correría como la pólvora, pero nuestro trabajo no había terminado. No había hecho más que empezar. Por segundo día consecutivo, fue desfilando con rumbo al sifón toda una pléyade de compañeros, trayendo nuevas botellas y sacando al exterior las usadas, de manera que no se acumulara el trabajo. Ese día recibiríamos allí abajo la visita de nuestro amigo mexicano, Gustavo Vela, que saldría cargado con la preceptiva botella.
El tercer día de buceo, 6 de julio, se realizaría la quinta inmersión, esta vez de manera conjunta por parte de Oleg y BZ, con tres botellas cada uno. La visibilidad en el sifón empeoraba notablemente tras cada entrada, pero gracias a la buena instalación de guía en 20 minutos estaban ya al otro lado. Tras despojarse del equipo de buceo, comenzaron la exploración de una enorme galería completamente fósil, que se abría entre inmensos bloques. Poco más adelante, llegaban a un pequeño lago, que con toda seguridad formaba parte de la misma galería inundada por la que habían accedido a esta parte seca, y por donde –suponemos- los buceadores Shumeyko-Nekrasov no llegaron a emerger en 2002 por unos pocos metros. Más adelante superaban un resalte, donde se habían detenido Mayorga-Lapido cuando descubrieron la “Galería Gaia”. Un poco más atrás, siguiendo la exploración por la galería ascendente, exploraron más de 600 m, ganando altura hasta llegar a 94 m sobre el nivel del sifón. A partir de ese punto, la galería continuaba descendiendo, cambiando notablemente su aspecto y morfología. Un resalte de 7 m, difícil de destrepar con los trajes secos de buceo, detendría la exploración, pero estaba claro que la galería continuaba con tan grandes dimensiones como buenas expectativas. De vuelta al otro lado del sifón, Oleg y BZ sacaban las aletas de Mayorga. Mientras, Sergio, después de tres días de búsqueda, había localizado y explorado una nueva galería, tras hacer un péndulo hasta una ventana, que le dejaba a más de 30 m sobre la playa del Lago E.R.E., desde donde se divisaba un punto en la pared de enfrente en el que cabía la posibilidad de localizar un bypass por el que puentear el sifón, ahorrándonos su buceo[17].

Estaba prevista para el cuarto día, 7 de julio, otra inmersión pero, desgraciadamente, una de las botellas había perdido aire por el camino, de manera que en aras de la seguridad, se vio conveniente posponer la exploración. Llegaba el temido momento de la desinstalación. Todo el material de buceo tenía que salir al exterior, aunque en esta ocasión contábamos con la gran ventaja de no tener que desinstalar la sima, ya que iban a proseguir las exploraciones del Interclub durante los meses que quedaban de verano. Ese día bajaban al sifón los compañeros Pilar Orche, Manu Guerrero, Alfredo Moreno y Bernard Tourte, con los que sacamos las últimas botellas del fondo.
Tras dos días de extracción de material a superficie, el día 10 de julio acudían de nuevo en nuestra ayuda los legionarios de Ronda, gracias a cuyos esfuerzos pudimos desmontar el campamento en tan solo una mañana, y dedicar la tarde y la noche, hasta bien entrada la madrugada, a celebrar los éxitos logrados.
La fiesta merece una mención especial. No solamente nos reunimos los miembros del CAVEX Team y el Interclub, sino numerosos compañeros del G.E.S. de la S.E.M., incluyendo casi todos los que habían constituido el equipo de punta de 1990: Rogelio, Mayorga y José Luis. Sin duda, el momento más emotivo de la celebración fue la devolución de las aletas a Mayorga por parte de Oleg y BZ. Se cerraba así todo un ciclo, iniciado casi dos décadas atrás. Sin duda, el que se haya tardado tanto en volver a emerger al otro lado del sifón no hace sino dar todavía más valor a la hazaña lograda en 1990.
AGRADECIMIENTOS
En una expedición como ésta, los agradecimientos son casi interminables, pero intentaremos no dejar a nadie fuera. En primer lugar, desde el CAVEX Team queremos agradecer a nuestros compañeros en este apasionante viaje, el Interclub Sierra de las Nieves, el habernos brindado la posibilidad de compartir esta aventura subterránea. También debemos nuestra gratitud a los patrocinadores principales de la expedición, la Consejería de Comercio Turismo y Deporte de la Junta de Andalucía y la Federación Andaluza de Espeleología, así como a la Federación Española de Espeleología.
También hemos recibido el apoyo material y humano de la casa M.T.D.E. (Material Técnico de Espeleología), la Diputación de Sevilla, Siemens –que nos proporcionó los equipos de comunicación T.E.D.R.A. para su primera prueba de campo a gran escala-, la Fundación Unicaja (Ronda), la 2ª Compañía del 4º Tercio “Alejandro Farnesio” de la Legión, Pangea Nature Active, la Asociación Excursionista Pasos Largos, Carburos Metálicos, el Camping Conejeras (Ayuntamiento de Parauta), la Carpintería Metálica Inalme y Profonica.
NOTAS
[1] Para más información sobre las exploraciones desarrolladas en la sima desde 1973, que llevaron a la consecución en septiembre de 1978 del primer “menos mil” explorado íntegramente por un equipo español,
vid. VV.AA.
La sima G.E.S.M. Monografías espeleológicas del G.E.S. de la S.E.M. 3 (1983) 20-26 y
passim.
[2] El sifón fue superado el 26 de agosto de 1990 por los buceadores Juan Antonio Gutiérrez Mayorga y Luis Lapido, en el transcurso de la 10ª Campaña de exploración en la sima, promovida por el G.E.S. de la S.E.M. y coordinada por Rogelio Ferrer. Formaba parte del equipo de punta en ese momento, junto con ellos tres, José Luis Rivas. Vid. Juan Antonio Gutiérrez Mayorga. “Sima GESM 1990: Primer buceo a -1000 por un equipo español”. Monografías espeleológicas del G.E.S. de la S.E.M. 5 (2003) 55-58.
[3] Aprovechamos para agradecer la ayuda que en aquel momento decisivo nos prestaron Carlos Pintos, Jesús Cuenca y Federico Ramírez.
[4] Sería una lista interminable la de amigos que trabajaron con nosotros en aquellos días, con los que pasamos tan buenos momentos y de los que tanto aprendimos: R. Ferrer, Paco Gutiérrez, Pepe Urbano, Sandro Téllez, “el Pesca”, Lázaro Moreno...
[5] Denís Provalov y Dmitriy Sklyarenko (Rusia), Oleg Klimchuk (Ucrania) y Sergio García-Dils (España) pasarían a formar parte del CAVEX Team. También formaron parte de aquella memorable expedición Marta Candel (España), Sophie Grandgirard (Francia), Natalya Kareva (Ucrania) y Yuriy Kosorukov y Andrey Shumeyko (Rusia).
[6] El núcleo fundamental de aquel Interclub, coordinado por S. García-Dils, estaba constituido por M. Candel (Abisal), Francisco Molina, Rosario Herrero, Ana María Arcas y Juan Jesús Castillo (S.E. de la S.E. Antequerana) y M. Botella (S.G.E.G.). Sobre los trabajos desarrollados entonces y los grupos que colaboraron en ellos, vid. Sergio García-Dils de la Vega y Marta Candel Ureña. “Campaña Sima GESM 1998-1999”. Subterránea 13 (2000) 35-42.
[7] Una vez más fue decisiva la participación en la expedición de la S.E. de la S.E. Antequerana (vid. nota anterior), junto a compañeros de Huelva –Isidoro Aguado-, Madrid –Belén Pérez, Javier Le Pera, Luis Díez y Alfonso Barrón-, Cantabria –Alfredo Moreno y Cristóbal Ortega-, Logroño –Rubén Taboada y Julián García- y Francia –Sophie Grandgirard y Bernard Tourte-, coordinados por S. García-Dils.
[8] La galería sumergida, que en un derroche de imaginación bautizamos “Galería 2002”, tiene en los últimos 200 m explorados unas dimensiones de 5-10 m de anchura por 2-5 m de altura.
[9] Efectivamente, el 18 de junio de 1999, los miembros del Interclub “Sima G.E.S.M.” F. Molina e I. Aguado comienzan a revisar e instalar la incógnita situada en la base del P-60, vía lateral que según las topografías publicadas se cerraba a -420 m, dejándose pendiente su exploración tras terminarse el material de instalación.
[10] M. J. Guerrero Sánchez et al. “Sima GESM: El Gigante del Sur”. Andalucía Subterránea 15 (2005) 46-51.
[11] Interclub Sierra de las Nieves. “Sima GESM, el reto continúa”. Andalucía Subterránea 16 (2006) 7-11.
[12] Interclub Sierra de las Nieves. “Campaña de exploración Sima GESM 2006”. Andalucía Subterránea 17 (2006) 7-14.
[13] Colectivo al que, en la persona de sus coordinadores, Manu Guerrero, José Luis Badillo y Antonio Jesús Moreno, agradecemos de todo corazón su generosidad, que posibilitó un fructífero trabajo en común.
[14] En este capítulo, queremos hacer constar de nuevo nuestro agradecimiento al Interclub, en general, y a Francisco José García, en particular.
[15] Se trataba de las cuerdas-guía de las expediciones precedentes: 2002 (Shumeyko-Nekrasov), 1990 (Mayorga-Lapido) y 1979 (Poggia-Vergier).
[16] En la inmersión de 1990, en un descuido habían caído las aletas al agua, de manera que Lapido y Mayorga tuvieron que retornar a la sala del Lago E.R.E. por tan complicado recorrido con tan solo una aleta cada uno. Vid. Mayorga 2003: 58.
[17] Para comprobar esa incógnita, los días 26-29 de julio, bajó al fondo de la sima un pequeño equipo –David Durán, Pablo Mejía, Pilar Orche y Sergio García-Dils-, con el fin abordar la escalada sobre el sifón. Después de instalar 150 m de cuerda fija, atravesando un techo a 50 m de altura sobre el Lago E.R.E., conseguían llegar a escasos metros de la pared de enfrente. Desde ese punto se divisan nuevas incógnitas, que deberán ser objeto de futuras exploraciones.